Es tiempo de abrir los
ojos y ver la realidad, aunque la sinceridad siempre nos llevará a odiarnos un
poco. La perfección es una ilusión. Hasta la persona más enamorada se cansa de
dar todo por alguien que no le da nada. Vos estabas ahí como si nada, yo estaba acá como
si todo. Siempre amaré la falsa imagen
que tuve de vos, no tiene sentido negarlo. Pero rompiste mi corazón… Te amaba tanto que vos me hacías daño y yo te
consolaba. ¿Qué podés hacer si la persona que te hace llorar es la única
capaz de consolarte? Estuve una semana así, y recién diste la cara cuando ya la
bronca y el enojo se me habían pasado. Si solo querías un pasatiempo, ¿entonces por qué ofreciste amor? Si no me lo merecía, ¿por qué lo hiciste? Creí que
era más que evidente que cuando se elige a alguien, se renuncia al resto.
Yo lo hice, vos parece que no. Tuviste tu oportunidad y la dejaste pasar. Fue tu decisión, no la mía. No sabes cuánto amor me costó dejarte ir… Se ve que tarde o temprano a
todos nos toca herir o ser heridos. Un
consejo: nunca digas "no me va a
pasar", porque la vida tiene una manera divertida de demostrar que nos
equivocamos. Pero todo sirve eh. Cuando caes desde lo alto de una ilusión, el
golpe duele (a veces demasiado), pero
a fuerza de lágrimas te abre los ojos.
Te hace ver las cosas desde afuera, hace que te empieces a hacer preguntas,
¿cómo puede una mujer esperar a ser feliz
con un hombre que insiste en tratarla
como si fuera un ser humano normal? Y al principio los negadores
nos resistimos a aceptarlo, pero sabemos
que el amor se acabó cuando estamos
más enamorados de los recuerdos que
de la persona. Desde el momento en el
que me tuviste dejaste de conquistarme, de buscarme. A veces cuesta cerrar una historia, porque esos
recuerdos van a luchar por confundirnos, por hacernos dudar. Es
cuestión de sentir que una está saliendo a flote para que aparezca
algo que te hunda de nuevo. Pero hay que confiar y resistir.
Después de un sábado
hermoso con Fran, el asunto viene y
se da el lujo de hacerme una escenita por whatsapp.
Con qué
derecho, digo yo, me viene a cuestionar lo que yo sentía. Me vio en el Unicenter divirtiéndome, feliz, pasándola bien con otra persona y ya empezó
con el discursito de “creí que podríamos
haber tenido una segunda oportunidad”. Te informo, yo te la iba a dar y vos solito te seguiste tirando tierra encima
y demostrándome que no te la merecías. No corras por alguien que nunca quiso caminar a tu lado, me
dijeron. Ahora déjame ser feliz y
preocupate por tu vida.
Yo, que me caracterizo
justamente por mis inseguridades, por primera vez en mi vida siento que
no solo sé lo que no quiero,
sino que sé lo que quiero.
Quiero a este muchachito hermoso que
se me cruzó sin buscarlo. Que en dos
semanas me sacó más sonrisas que cualquiera en dos meses, que me mira
con esos ojitos dulces y me hace
sentir linda, importante, con confianza, que con apenas un abrazo me recuerda que estoy viva. Que
demuestra, que me busca, que
se deja encontrar. ¿Qué mejor que sentirse en mitad de la nada y encontrar
la perfección? Algo está claro: que las cosas no salgan como esperabas muchas
veces es lo mejor que te puede
pasar.
Lo malo de las personas
con el corazón roto es que empiezan a repartir los pedazos. Yo no quiero que me pase eso, por eso al
principio me dio miedo. Realmente me
había dolido demasiado. Cuesta volver a confiar,
en quien sea. Da miedo arriesgarse. Dan miedo
las ganas. Pero en cierto punto creo
que es algo que nos pasa a los dos. Así que dame un motivo para quedarme
y te enseñaré mil razones para que te
quedes. Cuando se siente no hace falta entender, solo sé que me
sonrieron esos ojos y me tembló hasta el alma. Si fui feliz con la persona
incorrecta, imaginate con la correcta…