Veamos. Fueron dos meses muy intense. Con Franco pasé los
mejores dos meses que podría haber pasado con cualquiera. Fue felicidad
constante y sostenida. Me hizo bien, me recordó cómo quiero que me traten. Llegó
y juntó todos los pedacitos que dejó Federico. Me mostró que los príncipes sí existen.
No son azules, no son perfectos, pero son compañeros, son sinceros y te quieren
ver siempre bien. Eso es un príncipe. Yo le dije que iba a cambiar su suerte y
dicho y hecho, lo trasformé en dejador jajaja. Él me garantizó que no rompía
corazones, que los arreglaba. Y eso también es cierto. Hasta antes
de que se fuera a la costa estaba todo tan bien, yo lo quería y él me quería.
Me lo dijo. Pero algo pasó allá y conoció a una chica y después de una semana
de estar cortante por wsp me lo dijo y hoy nos vimos y dio la cara porque me lo
quería decir face to face (porque es así como es él) y está todo
bien. Porque su respuesta fue “…y no sé qué mierda hacer”, lo cual habla de su
forma de ser, de sus principios, de lo que cree. Sé que me quería, no
puedo explicarlo exactamente porque forma parte de esa complicidad que tienen
las parejas, las miradas hablan. Pero sé que nos queríamos, que nos hacíamos bien, que la
pasamos súper estando juntos y que los dos repetiríamos cada instante otra vez
si tuviésemos la oportunidad. Fue todo bueno, y no es algo que
ahora vaya a quedar en el olvido porque no hay que olvidarse de las cosas
lindas. Me da muchísima… nostalgia, melancolía… Porque realmente fue muy
hermoso todo lo que me hizo sentir. Pero absolutamente todo pasa por algo.
Ojalá hubiésemos podido seguir juntos muchos meses más, pero
bueno, no se dio. Es una persona que sin lugar a dudas vale la pena conocer y
que quiero mantener en mi vida, porque su transparencia me hace bien, nunca me
lastimó, me respeta. Ok, quizás hirió un poquito mi ego (? pero no más que eso.
Te equivocas una vez, crees que aprendiste, crees que nunca vas a cometer ese mismo error y es lo primero que haces, cometer ese mismo error, tropezar una y otra vez con la misma piedra. Pero por algo cometemos ese mismo error.
Cuando querés que alguien te mire no importa ninguna otra mirada, vos querés esa mirada y ninguna más... pero la mejor mirada no es la que se nos niega, sino esa mirada que no vemos, la que ignoramos distraídamente.